miércoles, 13 de febrero de 2013

Amor desordenado

En junio pasado les comenté en este blog, la apertura de la octava edición del concurso de relatos eróticos "Karma Sensual", del que fui ganadora en la tercera edición y jurado en la cuarta. En esta oportunidad, la consigna era "Me desordenas, amor", una alusión directa al poema erótico de la escritora cubana Carilda Oliver Labra.
Después de cinco años, me animé de nuevo a participar en este concurso que en gran medida fue el que me hizo dar el paso de crear este blog y hacer de la escritura erótica más que un hobbie, una forma de comunicación.
Para mi sorpresa, el pasado 8 de enero recibí la noticia de haber quedado, nuevamente, entre la docena de finalistas que tendremos el honor y la alegría de ser publicados en un libro que será editado por Ediciones Literarte.

A continuación les dejo el relato en cuestión, esperando les guste.



TRES EN LA GUARIDA


Mariela era una mujer de mediana edad, divorciada y emancipada. Con la madurez de sus años, gozaba a plenitud la libertad que le proporcionaban su solvencia económica y la ventaja de tener a los hijos a muchos kilómetros de distancia. Vivía en un apartamento frente al mar, al que ella denominaba “La Guarida”: un lugar donde descansar entre viajes e inspirarse para pintar sus maravillosas vistas de azul oceánico. La Guarida era casi un santuario; sólo entraban allí los miembros de una estricta, corta pero suficiente lista de amigos.
Muchos creían que estaba sola, pero en la vida de Mariela había un hombre enigmático y misterioso. Javier era su nombre, y la causa del misterio era, por supuesto, la existencia de una tercera persona; muchas apariencias que mantener y muchas monedas que pelear a la hora de un hipotético divorcio, eran las razones por las que su relación seguía siendo secreta, a pesar de los años. Se veían en La Guarida las pocas veces que el tiempo y los compromisos le permitían coincidir, por lo que sus encuentros eran escasos, pero siempre intensos y apasionados, a puerta cerrada y gargantas abiertas.
Luego de tantos años de fuego compartido, se conocían muy bien, se amaban con total libertad y respetaban sus vidas privadas, paralelas, al margen de los encuentros entre aquellas cuatro paredes en las que, aseguraban, “vivían la vida real”.
El grado de confianza y complicidad que tenían le permitía a cada uno conocer en detalle las intimidades del otro sin que existiera ningún tipo de reproche o disgusto. Solían contarse sus “novedades” en medio del más apasionado y desenfrenado acto sexual. Mariela entendía cuán parecidas -y distintas a la vez- podían ser ella y la esposa de Javier: la manera de proporcionarle placer a su hombre, las frases que gritaban en medio del orgasmo y hasta la forma y longitud de sus canales, debido a las posiciones adoptadas para sentir hasta el tope la virilidad de Javier. Por su parte, él desarrollaba una intensidad inusual en el sexo cuando Mariela le contaba su más reciente aventura. Era una mezcla de celos con deseo y el orgullo de saber que “esa” capaz de proporcionar placer a otro hombre, era totalmente suya.
Javier estaba en viaje de negocios fuera de la ciudad. Mariela no sabía a ciencia cierta cuándo regresaba, como no sabía nada a ciencia cierta de la vida de Javier fuera de las paredes de La Guarida. Estaba muy caliente, era viernes por la noche y tenía ganas de drenar su impaciencia con alguien, así que tomó su agenda telefónica y llamó a Mariano, un viejo amigo al que veía poco, pero que nunca se negaba a una noche con Mariela. Mariano era un amante admirable: preguntaba poco, acariciaba mucho y no reprochaba el abandono al que Mariela lo sometía de tanto en tanto.
Mariano llegó a La Guarida con su sonrisa de comercial de pasta dentífrica y una botella de Champagne que rápidamente descorcharon y bebieron. La segunda la libaron en la habitación, mezclada con sus propios sudores, al compás de un sexo cadencioso que dibujaba sonrisas en el rostro y en el alma de Mariela. La tercera la mezclaron al amanecer con un poco de jugo de naranja mientras preparaban algo rápido para comer y reponer energías. A medio vestir jugaban con la barra de mantequilla cuando se abrió la puerta de entrada y se dibujó la silueta de Javier y su equipaje. Había adelantado 24 horas su vuelo para poder estar todo un día con Mariela.
Mariano no tenía idea de la existencia de Javier, la expresión de su rostro era indescriptible: sorpresa, desconcierto y aceptación de lo peor. Pero lo que sucedió a continuación fue para él un verdadero “knock out”. Mariela los presentó sin pompas, se estrecharon manos y miradas sin recelo; luego Javier tomó a Mariela por la cintura y casi levantándola en vilo le plantó un beso profundo e interminable, mientras un Mariano atónito y en calzones, miraba la escena.
La pareja intercambió unas breves frases al oído que Mariano no pudo escuchar. Luego Mariela aclaró:
-          Mariano, Javier es mi amante, pero quédate tranquilo, él conoce todo de mí, me da total libertad y me acepta como soy. Es más, ahora que la casualidad nos ha reunido a los tres acá, creo que sería interesante que todos nos conociéramos un poco…mejor…, comentó sugerente, al tiempo que le extendía a Javier una copa de Champagne para ponerlo a tono.
Las horas siguientes transcurrieron con el despuntar del alba, mimosas y sonrisas. Con la sabiduría que sólo dan los años, Mariela supo engranar las dos poleas que minutos más tarde pondrían marcha a su motor sexual. Javier se sabía seguro desde su posición de macho dominante y Mariano se reconocía como un actor invitado, pero pieza clave de toda la trama.
Un quinto corcho de Champagne se estrelló contra la pared. Los señores sentados en el sofá, recibían el néctar burbujeante de la boca de Mariela. En el tercer beso líquido, se abrazó a sus cuellos, los atrajo hacia ella y se fundieron en un sorbo triple, húmedo y efervescente. Casi de inmediato la verga de Mariano se empinó hasta asomarse por la liga del calzón, pidiendo a gritos liberación. Mariela le dijo a Javier: “hasta ahora sólo eran historias, ahora puedes verme haciéndole a otro lo que más te gusta que te haga a ti”. Tomó el mástil endurecido de su amigo y lo engulló con movimientos lentos y envolventes; primero el suave y rojo capuchón, pasando sus labios y lengua por todo el tronco entreverado de venas azules y latentes, hasta que las comisuras ensalivadas chocaron con el incipiente y lacio vello testicular. Mariano hacía rato que había perdido la conciencia del espacio y la compañía, y yacía con los ojos en blanco entregado a la maravillosa sensación que le succionaba hasta las entrañas, mientras que Javier, igualmente empalado, se apresuró a despojarse de toda la ropa y se colocó muy cerca de su amante, para poder apreciar en primera fila la magistral demostración de técnica y pasión.
Sin despegarse ni un milímetro de su delicioso bocadillo, Mariela se asió a su otro mástil de proporciones inmensurables con una mano que rápidamente se lubricó con las propias emanaciones de Javier, excitado como jamás en su vida. Largos minutos estuvo Mariela demostrando su destreza oral y manual, alternando intensidades y maniobras, según viera aproximarse o alejarse el impulso de cada uno de sus invitados.
Cuando notó que aquello podía –literalmente- salírsele de las manos, los incorporó y los llevó, tomados del pene, hasta la habitación diciéndoles: “Ustedes son mi fuente de placer y yo la suya; hagamos de éste un día inolvidable”.
Las siguientes, fueron ocho horas de pasión sin frenos, interrumpida sólo por breves descansos para retomar fuerzas. El tabú y la vergüenza se escondieron en el armario a compartir sus miserias, llenando la habitación de libertad, complicidad y el más increíble e inexplorado de los placeres.


2 comentarios:

Gùde dijo...

Seguro q volverás a ganar. Es espectacular.

Salu2

tuboca.besaba.com dijo...

Me ha encantado tu relato, yo también acabo de abrir un blog donde cuento mis fantasias eróticas y un chat para conocer gente nueva.
Tuboca.besaba.com