Descubrí a
Erika Lust hace algunos años y fue para mí como una revelación.
Después de
tanto tiempo viendo el prono regular -ese de las mujeres rubias, perfectas y
gritonas, de tetas hechas, tacones de plataforma que jamás descalzan y que
empiezan a gemir desenfrenadamente desde el primer roce- finalmente entendí qué
era lo que no me cuadraba. Y lo entendí gracias a la filmografía de Lust.
Alguien,
alguna vez decidió que estos estereotipos eran los que excitaban a los
espectadores de filmes porno (en su mayoría, hombres). Cine hecho por hombres y
para hombres. Y así como hemos creído a lo largo de la historia miles de
mentiras al punto de hacerlas verdades, terminamos creyendo también que ese
estilo manido de tener sexo era excitante y sensual.
No fue mi
caso, pero podría apostar que muchas mujeres, al ver a esas otras en la pantalla
gritar de placer apenas posaban un dedo o una lengua en su vulva, debieron
sentir que algo malo pasaba en sus vidas sexuales, que eran frígidas o algo por
el estilo. Por otra parte, el genitalismo exacerbado del porno tradicional,
descuidó y dejó de lado lo que a las mujeres nos excita más: el juego previo,
la sensualidad y el infinito conjunto de accesorios que complementan el
ambiente y contribuyen de manera importante a nuestra satisfacción sexual.
Para
nuestro beneplácito, Erika Lust rescata todo eso y lo plasma en sus películas.
Primero, los actores son gente normal, hombres y mujeres que podrían ser
nuestros compañeros de trabajo, nuestra vecina, la cajera del banco. No la Barbie
y el Ken. Personas de carne y hueso, bellas con sus imperfecciones y particularidades.Y, más allá de las historias, lo especial de su filmografía está en la
forma de narrarlas y, sobre todo, en cómo logra transmitir sensaciones con
imágenes. Cuidadísimos primeros planos, juegos de luces y sombras, expresiones
de placer real captadas de una manera que nos llega a parecer accidental,
aunque ella, seguramente, lo haya planeado todo muy bien.
Lust baja
al sexo al nivel del hombre y la mujer común, de la pareja cotidiana, del mundo
real, y así, nosotros llegamos a sentir que podríamos –¿por qué no?- ser
cualquiera de sus personajes.
Luego de
ver una película de Erika, mi siguiente encuentro sexual se transforma en una
más de sus escenas. Ya no siento que tengo que gritar como una posesa ni
ponerme pestañas postizas y stilettos de charol para sentirme sexy. Por el
contrario, empiezo a sentir que todo es sexy, desde mi gemido involuntario
hasta la piel erizada de mi hombre cuando lo acaricio; desde mis ojos en blanco
en el momento exacto del orgasmo, hasta el chasquido de nuestras caderas
sudorosas y enajenadas.
Esta
directora sueca (y ex actriz porno) reivindicó a la mujer en el cine porno y
por suerte, su labor no ha sido en vano. No sólo por los reconocimientos que ha
obtenido a lo largo de los años y el respeto que se ha ganado en una industria
totalmente machista. Sino porque nos abrió los ojos para mirar nuestra propia sexualidad
como una película porno… y creérnosla… y disfrutarla… y excitarnos con ella tanto
o más que con las de mentirita.
Porno para
mujeres, la llama su autora… Yo me atrevería a asegurar, que los hombres lo
están disfrutando tanto o más que nosotras mismas. Lust…. Chapeau!
Para
conocer más de la filmografía de Erika Lust: www.erikalust.com,
www.lustfilms.com o agréguenla en el
Facebook: www.facebook.com/erikalustbcn.
También les
dejo el link del blog "Eros" de El País de España que habla de su última película “Cabaret
Desire”.
Nota: Escribo este post en medio de la polémica por la ley S.O.P.A. Si no logramos detenerla, éste y otros millones de blogs y páginas podrían desaparecer en poco tiempo. Si disfrutas de la libertad de leer éste y otros contenido en la web, movilízate y házte sentir. Dile NO a la S.O.P.A!!







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