jueves, 2 de junio de 2011

Aventura Extrema




Entregarme casi sin conocerte y lanzarme de inmediato a la aventura de explorarte.

Subir primero tus laderas, contemplarte desde bien arriba; recorrer centímetro a centímetro tu vasta geografía: selvas tupidas, suaves planicies, húmedas estepas, tibios volcanes. Sentir la ardiente brasa de tus manos sobre mi cuerpo… acostarme a placer sobre el mullido colchón de tus labios. Desafiar la maleza hasta toparme accidentalmente con tímidos picos, endurecidos al tacto, mientras a lo lejos escucho el suave sonido del viento que exhala tu suspiro involuntario.

Decidirme luego a cabalgar tus vastísimos paisajes, hasta perderme de vista, hasta no encontrarme ni siquiera dentro de mí misma. Verme por dentro y darme cuenta que soy exactamente igual que por fuera, exactamente igual a mi entorno…exactamente igual a ti. Confundirme, mimetizarme con el ritmo desbocado de tu corazón que palpita y retumba entre mis piernas apretadas.

Sentir el vértigo de la caída y no poder hacer otra cosa que gritar y sonreír, con la certeza de que ese rumbo inevitable, más temprano que tarde, me impulsará de nuevo hacia la cima. Todo gira a mi alrededor… ¿o soy yo la que he girado? En este bungee de emociones ya no tengo referencias; no hay suelo ni cielo, mucho menos paredes que me contengan. Sólo hay espacio, un espacio infinito en el que no caben nuestras ganas de dar y recibir placer.

Ahora te contemplo desde abajo. Eres cielo sin nubes en el que me reflejo como en un espejo. Tus ojos traducen mi deseo, y en los míos descifras el camino hacia la salida de un laberinto en el que preferirías perderte por siempre. El peso de tu cuerpo me recuerda que, aunque lo parezca, aun no hemos salido de esta atmósfera grave que nos mantiene adheridos a una realidad, cada vez más mágica.

El viento sopla fuerte en mi cara, la adrenalina de la caída libre me seca la garganta y humedece mis ojos. Grito, giro, estallas, te absorbo… se abre finalmente el paracaídas que nos deposita a salvo en tierra de nadie, en tierra nuestra, para trazar nuestras propias coordenadas y hacer un fuego incipiente que nos aliente a volver, una y otra vez, a atizarlo y a no dejar que muera.

Duermo exhausta sobre tu hierba suave, acariciada por la brisa de tus manos, arropada con tu ternura y arrullada con tu respiración.

4 comentarios:

GudèLu dijo...

Nunca lo había sentido pero, ciertamente, el sexo es un deporte extremo.

A tus PIES

dharmageisha dijo...

Guaooo es extremo...

Daniel Duque dijo...

El arte de llenarse y vaciarse con el otro. Felicidades por sentir tanto.

Ines dijo...

Hola linda!

¿Cómo estás?
A los tiempos que te visito. Tus letras conservan su encanto.
Besos miles!

I.