jueves, 31 de marzo de 2011

Sexo


Hoy pasas por mi lado y sigues de largo sin verme.

Te escabulles rápidamente entre la gente y a ratos llegas a perderte del todo de mi vista.

Pero te conozco tanto, desde hace tanto y con tanto detalle, que puedo seguirte a ojos cerrados, oliendo tu aroma, escuchando tus pasos, sintiendo tu calor.

Acelero el paso, te mimetizas entre la gente.

Me aturdo, me confundo, trastabillo, casi agonizo, hasta que te veo colar entre la multitud en el andén del metro.

Con dificultad me escabullo entre el gentío y, justo con el último pitar del vagón, logro alcanzar la punta de tu abrigo.

Las puertas se cierran y yo me aferro al trozo de tela como un náufrago a su tabla.

Camino…corro a la misma velocidad del tren que acelera y comienza a perderse en la garganta profunda y oscura del túnel.

Finalmente, mi persistencia y mis fuerzas agotadas logran arrancar un retazo de esa tela vieja que tanto necesito para calentar mis nieves casi perpetuas.

Con ellas en la mano -como un trofeo largamente disputado- exhausta y hambrienta, me marcho a casa a masturbarme…

2 comentarios:

Lydia dijo...

Desesperación total con la marcha del tren... menos mal que siempre queda el recurso de los recuerdos y de hacerlos realidad en tus pensamientos.

Daniel Duque dijo...

como le dije a alguien una vez, no podrás evitar que me masturbe pensando en ti.