miércoles, 25 de noviembre de 2009

JUGANDO A GANAR



Comenzando apenas a conocerla, notó que era de esas mujeres que siente con toda la piel y disfruta de los prolegómenos tanto o más que del acto en sí, por lo que aceptó las reglas tácitas del juego y se sumergió en aquel cuerpo suave y ligeramente perfumado, para explorarlo centímetro a centímetro con los ojos, con las yemas de los dedos, con los labios, con los dientes, con el peso todo de su cuerpo abriéndose camino entre la mente femenina, compleja, entreverada, volátil e intensa.

Poco a poco fue encontrando los puntos exactos que la hacían temblar, contener el aire y soltarlo en ruidosas bocanadas, entre labios tensos y dientes apretados. Besó suavemente sus labios y sus párpados semi cerrados entregados a un placer anticipado, recorrió con la punta de su lengua el lóbulo de sus orejas pequeñas y bien formadas, y notó cómo su cabeza se inclinaba ligeramente, inconscientemente, dejando expuesto su cuello incitador. La respuesta fue inmediata y avasallante al masajearlo con labios y lengua, por lo que se quedó allí largo rato, llevándola al paroxismo.

Muchos minutos después bajó hasta su pecho; acurrucándose entre sus senos como un lactante, se asió a uno de los pezones con la vehemencia del que no fue amamantado. El pequeño botón de placer se inflamó duplicando su tamaño, triplicando su color, cuadruplicando su capacidad de sentir un goce sin límites. Ella jadeaba y se estremecía como si fuera penetrada, y en efecto lo estaba, en lo más profundo de su mente, allí… donde en realidad se fabrican los más intensos orgasmos…

Pudo haberla penetrado en ese momento, de hecho se moría por hacerlo, pero sabía que esa noche el juego era otro, con otras reglas y otros resultados. Se arrodilló frente a ella y tomó cierta distancia para contemplarla absorta, lejana, totalmente entregada a las terapias amatorias. Le encantaba verla disfrutando, pero mejor le hacía sentir el hecho de saber que era él quien le proporcionaba semejante placer.

Bebió un poco de agua y salpicó algunas gotas sobre el vientre desnudo de su compañera, que se agitaba sobre el colchón. El contraste del frío líquido sobre la piel hirviente, unido al volcán de deseo que bullía más adentro, en sus entrañas, le produjo espasmos incontrolables. Él se apresuró a secarla con su mano grande y laboriosa, y se le ocurrió tocar el hoyuelo prohibido de su ombligo, intocable por alguna extraña y desconocida razón. Lo que también desconocía era que en este nuevo juego, con nuevas reglas y nuevos resultados, tocar el ombligo de su mujer ocasionaría en esta oportunidad un ardor desatado, intenso e inexplicable, como si la penetración de la punta de aquél dedo índice se extrapolara al pene en su vulva, a la lengua en su boca, al amor en su corazón…

Inusitadas sensaciones, tal vez irrepetibles, inundaron el cuerpo de aquella mujer tendida en la cama sin otro contacto físico que el dedo de su amante en el mero centro de su anatomía... La lujuria restante fue expulsada en un vapor húmedo que invadió todo su cuerpo, dejando un rastro empapado con la forma de su cuerpo sobre el colchón.

Como si no hubiese sido suficiente tanta dedicación y tanto detalle, él la tomó de las manos, la sentó frente a él, cuerpo con cuerpo y la rodeó con brazos y piernas, con una ternura infinita, aireando su espalda mojada y acomodando sus cabellos desordenados. Ella jamás olvidó aquel juego en el que nadie apostó y todos ganaron…


domingo, 15 de noviembre de 2009

MUJERES CON TODO


Me atrevo a decir, sin temor a equivocarme, que el venezolano es de todo Latinoamérica, el individuo con más mezclas. Tal vez sea por encontrarse nuestro país en la mera entrada del continente, por su rica y diversificada inmigración del siglo pasado, además de estar relativamente cerca –o por lo menos más cerca que otros- de culturas tan distintas a la latina como la de Estados Unidos y Canadá. La cercanía de las islas del Caribe también le ha dado al venezolano ese salero adicional –como si fuera necesario- que nos vuelve tan diversos como interesantes.

El venezolano ama el rock y la balada casi tanto como a la salsa y el merengue. Las emisoras de radio difunden mucha música en inglés, pero también mucha en español y hasta en italiano y todas nos las aprendemos, aunque no entendamos lo que dicen.

El andar de las mujeres venezolanas es ya casi una etiqueta que nos identifica en cualquier parte del mundo: un caminar que lleva en nuestras caderas el son de nuestra música, el calor de nuestra tierra y el sabor de nuestro trópico.

Ni hablar de la comida. En Venezuela no hay estaciones, por lo que podemos y nos gusta comer de todo en cualquier época del año. Comemos y producimos tanto carnes como pescados, frutas de colores y sabores impensables, vegetales generosos, pero también platillos y combinaciones heredadas de otras tierras.

En la época navideña, el plato típico es la Hallaca, una especie de pastel hecho con harina de maíz que encierra un sinfín de ingredientes como res, cerdo y gallinas, aceitunas, alcaparras y uvas pasas, producto de la mezcla de la comida española, con las costumbres de los esclavos e indígenas locales. Una explosión de sabores que rememora a través del paladar nuestros más felices días de infancia y la mejor cocina materna.

En el amor, las venezolanas somos consecuentes con nuestra forma de ser: variada, rica y completa. Enemigas del sexo rápido y monótono, buscamos, auspiciamos y consentimos cualquier destello de creatividad que nos sorprenda y nos invite a conocer nuevas sensaciones. Amamos el reto de sentir más en cada nuevo encuentro y llegar a territorios poco explorados. Somos participativas y entusiastas. Nos gusta recibir placer, pero nos encanta darlo. No damos nada por sentado y cada orgasmo debe ser digno de ser colgado en el cuadro de honor.

A las venezolanas nos gusta el amor dedicado y pasional, enemistado con lo mecánico o lo autómata, con el sexo “de librito”, lo cursi o lo predecible. Sentimos con todos los sentidos y con cada poro de nuestra piel. No tenemos zonas erógenas, porque somos TODA una zona erógena en la que cada centímetro de piel recibe y refleja diversas sensaciones.

Así como con la música y con la comida, en el amor y en el sexo las venezolanas somos “Mujeres con Todo”. El que haya conocido alguna me dará la razón y seguramente la tendrá en el más elevado dintel de sus recuerdos y emociones.

¡Viva Venezuela, Viva la mujer Venezolana!

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Evocación




Me muero por tenerte otra vez entre mis brazos con tu ímpetu y tu locura.

Beberme la sal de tu cuerpo y sentir nuevamente tus ríos febriles.

Quiero que un chorro de voz inunde tu habitación, ahogándome en un orgasmo antológico y que no me des tregua para comenzar sin descanso a remar aguas arriba una y otra vez.

Deseo morir de cansancio aún dentro de tu cuerpo, dormirme como una niña en tu regazo y crecer de tu mano hasta morir de placer... junto a ti.