sábado, 24 de octubre de 2009

Petting...






Es media mañana. Un haz de luz se cuela a través del grueso cortinaje y comienza a desperezarme. No sé si es eso o es el calor que empieza a producir mi propio cuerpo repleto de deseo, lo cierto es que comienzo a despojarme del plumón y las sábanas, quedándome desnuda sobre la cama, atravesada por la espada de luz que pareciera escanear mis deseos más profundos. Me estiro, me retuerzo… comienzo a acariciarme. Es inevitable. La piel es el órgano más extenso del cuerpo humano y sin duda, al que más provecho le saco. No hay nada que disfrute más que el contacto de mi piel con lo que sea: una suave y fría seda, mi propia mano, unos labios ajenos…

Mis manos me recorren como siempre, reconociendo cada centímetro de mi anatomía y sus imperfecciones que son mi marca, mi etiqueta, lo que me distingue y me diferencia. Aquella vieja cicatriz, el suave relieve de mi tatuaje, el lóbulo de mis orejas, mi vientre acolchado, mis anchas caderas, mi vulva lampiña… ALTO! Debo parar… no dispongo de mucho tiempo. Él llegará para el almuerzo y debo alistarme.

Me levanto, llego al cuarto de baño y comienza mi ritual, ese que me hace sentir más sensual, que me acerca a su encuentro y me pone a punto. Abro las llaves y la tina comienza a llenarse de agua, así como mi corazón de latidos retumbantes. Agrego las mejores sales… esas que guardo para ocasiones especiales y que –no sé por qué- siempre me traen buena suerte. Sándalo, rosas y un toque de eucalipto llenan el aire caliente. Pongo algo de música… Diane Krall se me antoja. Recojo mi cabello y entro sin mediar en esa cama de lava líquida que me atonta y me activa a la vez.

El protocolo es siempre el mismo, y sin embargo, es siempre nuevo y diferente… excitante. Lentamente, al compás de la sensual música paso la esponja por mi cuerpo, esmerándome en aquellos puntos que me producen más placer… el cuello, la curva en la que reposan mis senos, mi espalda, mis nalgas, mis tobillos, mis pies… Creo que todo mi cuerpo me produce un placer incontrolable!

Poco a poco me doy la vuelta y apoyo mis codos del fondo de la tina. Coloco la esponja entre mis muslos y la aprieto y restriego tan fuerte que, aún bajo el agua, soy capaz de exprimirle hasta la última gota…

“I’ve got you under my skin
I've got you deep in the heart of me
So deep in my heart,
that you're really a part of me
I've got you under my skin”
Diane Krall pareciera estar mirándome y leyendo mis pensamientos, mientras yo exprimo mi esponja y empapo mis ganas de sentir más y más…

Llega un mensaje a mi Blackberry… “voy en camino, el tráfico tal vez me retrase un poco, pero espero llegar cuanto antes, no te vistas…”

Salgo de la tina y me pongo mi bata de paño blanca. Desempaño el espejo y comienzo a peinarme. Los gruesos dientes del peine abren decenas de surcos en mi negra cabellera, masajean mis pensamientos y los desenredan también. Hoy es un día de fiesta, un día de adoración a los cuerpos, al más puro acto de SENTIR. Sonrío adelantándome a lo que vendrá, un verdadero banquete para mi sentido preferido: el tacto.

Unjo mi cuerpo con cremas y aceites, lo cubro con su perfume preferido, ese que es tan suave que pareciera activar su más ancestral gen de macho alfa y lo vuelve loco incluso antes de cruzar la puerta de mi casa. Cambio mi bata de paño blanca por la de seda negra; del calor al frío. Mi piel se eriza, mis pezones se endurecen marcando su ubicación exacta a través de la tela. Estoy lista, alerta, dispuesta.

El tiempo que queda antes que suene la puerta es apenas el justo para exprimir unas naranjas y sacar una botella de champagne de la nevera. Lo recibo en el hall con las dos copas de mimosa en la mano y mi mejor sonrisa. Como siempre, no me besa en los labios… de hecho no me besa… recorre mi rostro con el dorso de su mano, sintiendo la lanilla de mis vellos; luego me retira el cabello hacia atrás y recorre con sus dedos el laberíntico cartílago de mis orejas y baja hasta el cuello para finalmente apretarme fuertemente los hombros, como para que salga de mi breve trance y vuelva con él.

Ya conozco el juego, pero no deja de tomarme por sorpresa una y otra vez. Como el mejor de los bailarines, es él quien marca el compás y yo sólo me dejo llevar en esta danza de sensaciones que siempre tiene buen final.

Estoy hambriento”, me dice… por lo que camino hasta la cocina y comienzo a prepararle algo rápido. Mientras corto unos tomates, él me abraza por detrás y toma con sus manos el cuchillo, colocándolo sobre mi pecho, por el canto no cortante. Aún así, se siente el filo del metal frío recorriendo desde mi garganta hacia abajo, en línea recta, pasando por el nacimiento de mis senos, camino a mi ombligo. Yo no miro, sólo siento esa mezcla de nervios y excitación que tanto me gusta y que él consigue en mí tan fácilmente.

Con un sólo movimiento seco e inesperado, corta con el cuchillo la cinta que cerraba mi bata. Doy un pequeño brinco e intento mirar, zafarme. Pero él me atrae hacia su cuerpo y con la mano libre me toma por el mentón y no me permite bajar la cabeza. Recordé que con él siempre estoy a salvo, así que me rindo a su juego. Cierro los ojos y me dedico a sentir… al fin y al cabo, de eso se trata todo.

Percibo su aliento pegado a mi cuello, humedeciéndolo con palabras lentas y suaves, casi inentendibles, pero que suenan a instrucciones o tal vez a un mantra que me abre poco a poco a él, a sus intenciones, a su juego morboso de tocarme y nada más. Siento su cuerpo calentando mi espalda, su arma abultada y camuflajeada entre la ropa, apuntando directamente hacia mi culo. Siento también el frío metal recorriendo mi bajo abdomen y una pegajosa humedad entre mis piernas.

Finalmente suelta el cuchillo y toma en su lugar las dos mitades del tomate que yo acababa de cortar. Me da la vuelta y los estruja sobre mis puntiagudos senos, haciendo correr jugo y semillas que él lame con artificio. Aún con los medios tomates a manera de brassiere, comienza a mordisquearlos, mordiendo también mis pezones endurecidos. “Es la mejor ensalada que he comido en mi vida”, dice, mientras yo aprieto los dientes, un poco por dolor y mucho por excitación.

Casi sin darme cuenta, me lleva hasta el comedor y me acuesta delicadamente sobre la mesa. Estira la mano y alcanza su copa, para derramar luego unas gotas de mimosa en la depresión que hace el hueso de la clavícula en mi garganta. Como un gatito en su plato de leche, bebe de mi cuello, pasando repetidamente su lengua y haciéndome retorcer del placer.

Más... –le pido- bebe más...” Y él obedece, pero esta vez, bebe de mi ombligo. Luego me pone de costado, levanta mi brazo y deposita unas gotas en mi axila, que sorbe con fruición mientras mira mi cara abstraída de placer. Un cuarto de vuelta más y me coloca boca abajo, atravesada en diagonal a lo largo de la mesa. Separa mucho mis piernas, haciendo que se salgan de la tabla de madera. Se coloca en el ángulo inferior para contemplar la hermosa vista de mi vulva rosa y brillante, palpitando de deseo.

Comienza a acariciarme los pies, subiendo por las piernas y parando en los sitios exactos que me producen más placer: las corvas, el pliegue entre mis muslos y mis nalgas y por supuesto, la entrada de mi cueva tibia. Justo al llegar allí mi cuerpo se tensa, y él toma eso como un aviso, para bajar nuevamente hasta mis pies y retomar el recorrido, poniéndome en un estado frenético.

Cuando ya estoy a punto de estallar, él da la vuelta y se coloca en el otro ángulo de la mesa. Me toma la cabeza con sus manos y coloca mi cara justo frente a sus caderas. Puedo oler su aroma de hombre, ácido, penetrante y varonil. Mis labios logran sentir sus durezas a través de la gabardina negra del pantalón. Intento con mis manos bajar el cierre, pero él me detiene en seco. Sólo puedo mirar, oler y sentir lo que él quiera que yo sienta. Nada más, nada menos.

Recuesta mi cabeza sobre mis propios brazos y comienza a masajear con sus gruesas manos mi cuero cabelludo, desenredando con sus dedos mis cabellos desordenados y haciendo presión en ciertos puntos estratégicamente marcados –y sólo conocidos por él- que me producen una sensación de emborrachamiento y entrega total. Una especie de hipnosis que me pone tonta pero alerta al unísono, como ajena a mí misma, pero dueña absoluta de mis propias sensaciones. El masaje se extiende también hacia el cuello y los hombros, la frente y las sienes. A ratos siento su miembro abultado tropezar contra el tope de mi cabeza, contribuyendo con el masaje integral que mueve todas mis neuronas.

No sé si es mi imaginación que vuela o es que en efecto sus dedos controlan mis pensamientos y sensaciones, pero comienzo a excitarme de una manera sobrenatural. Soy capaz de sentir todo mi cuerpo aprisionado sobre la mesa y a la vez flotando en la habitación. Las manos que me peinan y me despeinan comienzan a sentirse en todos los lugares donde estuvieron minutos antes; siento sus dientes en mis senos, su lengua en mi garganta, su cuerpo sobre el mío y su falo penetrándome sin piedad.

Aunque él está totalmente vestido y frente a mí, puedo sentir su cuerpo desnudo y caliente arropando el mío, danzando con frenesí, llevándome al clímax. Yo sigo recostada, con mis ojos cerrados y mi respiración apenas perceptible, pero al mismo tiempo estoy ensartada, jadeante y exhausta, a un nanosegundo del Big Bang mayor, el mejor de mis orgasmos. Uno silente y avasallante, que me remonta a lo que fui en otra vida y me asoma a lo que seré en la siguiente, pero que al mismo tiempo me deja acostada sobre una dura mesa, catatónica y sin voluntad, mientras mi amante sale sigilosamente por la puerta.


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hasta que por fin apareces!! ya te extrañaba por acá...pero como siempre vale la pena esperar... nada como tu particular y excitante descriptiva. Enhorabuena!

max dijo...

Waaaoo!!!! Hasta taquicardia me dio!!! Ya habia leido algunos otros tuyos, pero la descripcion erotica escrita no es necesariamente de mis mejores acercamientos al tema, pero este "post": waaao... inesperado y educativo...

Lujuria dijo...

Vaya! Me encantó la imagen del tomate contra tus pechos... mmmmm

Lydia dijo...

Lo que hace el hambre envolviendo unas sensaciones que hacen llegar cuanto antes a la mesa.

La Negra dijo...

Engullí tus letras mientras las imágenes desfilaban en mi mente. Qué poder tienes en la pluma! o en el teclado?

vanbasten dijo...

Jejeje

Excelente y muy erotico todo pero....

"Llega un mensaje a mi Blackberry…"

Que sifrineo XD