domingo, 30 de agosto de 2009

!!SORPRESA!!



Verónica y Diego celebraban su segundo aniversario de noviazgo.
Diego le tenía una gran sorpresa preparada a su novia: una cena con velas y champán, preparada por sus propias manos en la intimidad de su apartamento de soltero. Toda una novedad, si se toma en cuenta que a Verónica le incomodaba un poco aquél “hogar” en el que decía podía oler el perfume de todas las mujeres que habrían pasado por allí, y que Diego no cocinaba más que un huevo frito y roto alguna mañana desvelada luego de amar a su novia con intensidad y pasión. Además de la cena y el ambiente romántico, Diego tenía otra sorpresa preparada para su amada, pero de ésta última no asomó nada para no arruinarla ni predisponer a Verónica.
Dejó el ambiente listo en el departamento, la comida a fuego muy bajo y salió a buscar a Verónica que lo esperaba impaciente y hermosamente ataviada en el hall de su edificio, a pocas cuadras del suyo.
Regresaron de inmediato. Cuando Diego abrió la puerta de la entrada, Verónica quedó maravillada por el olor a eucalipto que inundaba el ambiente, venido de inmensos ramos de rosas multicolores que, acompañadas de este follaje mentolado, se esparcían por toda la estancia. Sólo la luz de las velas iluminaba el lugar y un jazz cadencioso acompañaba sus pasos hacia la pequeña sala. Allí, junto al sonido grave del trombón, encontró a aquella chica de piernas infinitas y actitud tímida, sentada en el puf de cuero blanco. Tenía una copa flauta a medio llenar con champán, que bebió de un sorbo antes de ser presentada por Diego:
- Vero, te presento a Gaby. Gaby es una amiga de la infancia que tenía muchísimo tiempo sin ver. Hace poco nos tropezamos por casualidad y estuvimos conversando. Resulta que descubrí que comparte muchas de nuestras fantasías y curiosidades… y es alguien completamente confiable.
Acercándosele a Verónica, la tomó por la cintura cariñosamente y le dijo en secreto: “Por fin tenemos lo que tanto habíamos buscado”, y la besó en la oreja con malicia.
Verónica estaba un poco aturdida. No estaba preparada para encontrar a un tercero –fuera quien fuera- en la celebración íntima de su aniversario. Pero al mismo tiempo veía frente a sus ojos a la cristalización de uno de sus mayores y más antiguos deseos: estar con una mujer y al mismo tiempo con el hombre que amaba.
Diego llegó con nuevas copas llenas. Verónica se apresuró a beberla y pidió otra de inmediato, mientras Gaby no articulaba palabra. Solo se observaban. Verónica con curiosidad, Gaby con un poco de incomodidad y vergüenza. Al final, ésta última habló:
- Siempre he sentido curiosidad por estar con una mujer… nunca he pasado de un beso inocente en alguna borrachera universitaria… quizás por miedo. Pero si eres la novia de Diego, eso me da la seguridad que necesito…
Vero asintió y Diego apresuró a las dos damas a sentarse en la mesa antes que la comida se arruinara.
La cena sirvió para distender el ambiente; anécdotas, risas y chistes, acompañaron al delicioso rissotto, los calamares y la ensalada mediterránea. Básicamente Diego ponía al tanto a Gaby sobre su novia y su relación: cómo se habían conocido, qué les gustaba compartir… cuáles eran sus fantasías. Gaby escuchaba y asentía interesada y muy de vez en cuando participaba con alguna anécdota coincidente.
Destapaban ya la cuarta botella de champán para acompañar el postre: fresas flameadas, que Diego sugirió degustaran en la alfombra del salón. “Voy a alimentar a mis chicas”, dijo, tomando el bowl completo y poniendo uno a uno los rojos frutos almibarados en las bocas de sus invitadas. Deliberadamente hizo que parte del empalagoso líquido se derramara en la blusa de Verónica, y ella misma tomó la iniciativa de quitársela. Posteriormente fue Gaby la pringada, con un hilo pegajoso que rodó por entre su escote… y nuevamente fue Verónica, la diligente, quien se encargó de limpiarla…con su lengua. Lamió el dulce del almíbar y sintió el aún más dulce perfume de su piel, la suavidad de sus pechos redondos y firmes y la respiración nerviosa de la “recién iniciada”. Todo esto la excitó demasiado. La limpieza de un pequeño hilo de dulce tardó más de lo normal y se convirtió en una lamida frenética que avanzó buscando entre el sostén los aprisionados bombones de chocolate que eran los pezones de Gaby.
Diego dejó por un momento el bowl repleto de fresas para ayudar a desvestir a aquellas dos hermosuras de mujer, una prácticamente desconocida, la otra, la mujer que más amaba en la vida. Muy pronto estaban desprovistas de toda la ropa y Diego contemplaba extasiado a aquellas mujeres besándose y acariciándose con fruición. Retomó el bowl de fresas, hundió su dedo índice en el almíbar para untarlo alrededor de las aureolas de sus mujeres, para pintar sus labios y ver cómo eran devorados por los de la otra mujer, sensual, hambrienta, totalmente desinhibida… Luego tomó una fresa y la colocó en la vulva de Gaby, entre sus labios, mientras un hilo rojizo de almíbar afresado se mezclaba con sus propios jugos ácidos de pura excitación. Diego pretendía comerse aquel par de frutos maduros y así marcar su entrada en escena, pero Vero sin darle chance, se abalanzó como loba hambrienta, para comerse no solo la fresa dulce, sino besar y mordisquear las áreas cisrcundantes y hundir repetidamente su lengua en el firme botón del clítoris de Gaby, quien jadeaba y se retorcía abandonada en un placer infinito.
Diego entonces tomó otra fresa y la colocó esta vez en el culo de Vero, mientras ella seguía afanada, de rodillas frente a la otra mujer, comiendo y bebiendo de todo lo que encontraba a su paso, como un vagabundo en inanición. Con la punta de la lengua, Diego lubricó el ano de su novia y jugueteó con dedos, boca y fresa en el hermoso culo de su mujer…. Tomó otra fruta más, chorreante y rojísima y coloreó con ella sus redondas y blancas nalgas, para luego limpiarlas con su saliva. Bajó hasta su vulva y repitió la operación, definitivamente eran las fresas más deliciosas que había degustado en su vida.
Pero Vero no interactuaba con Diego. Su atención estaba totalmente volcada hacia su nueva amiga, que sabía a ángeles y dioses, que olía a montaña virgen y a templo pagano, que se sentía como piel de durazno y como nube de verano. A esas alturas, se habían besado todo, tocado todo y había docenas de orgasmos regados por la alfombra de aquel salón. Diego entendió que esa no era su noche, sino la de su novia… que debía dejarla disfrutar su regalo como a los niños en la mañana de Navidad: hasta que se aburriera y entonces volviera a su juguete consentido, al viejo juguete preferido por encima de todos, a él.
Tomó de la mesa la botella de champán y se sentó entonces en el puf de cuero blanco a una distancia prudencial, para contemplar aquella película que él mismo había ayudado a producir. Vero y Gaby completamente desnudas; una blanquísima, la otra morena, desconocidas entre sí pero más unidas y conectadas que un par de siamesas. Sobre la alfombra parecían conocer en detalle el siguiente movimiento, la intensidad, la fuerza específica que necesitaba cada caricia. Cada una sabía cuándo y dónde besar, cómo y dónde tocar para llegar una y otra vez a orgasmos agónicos, celestiales, únicos e irrepetibles, aunque volvieran a repetirse cada minuto.
Diego quería participar, pero se conformó con contemplar la maravillosa escena con su endurecido falo entre las manos hasta que explotó solo, pero acompañado también por la explosión del enésimo orgasmo de sus invitadas, un par de metros más allá.
Exhaustos, entraron a la ducha para bañarse mutuamente, dejando que el agua lavara el almíbar, el sudor, el semen… y también los miedos, los tabúes y las barreras.
“Gracias”, le dijo Vero a Diego, besándolo tiernamente… “Ha sido el mejor regalo de aniversario”.
Vero salió de la ducha chorreando agua y más atrás salió Gaby. Diego tardó unos minutos más, rememorando todo lo vivido aquella noche y masturbándose para sacar del cuerpo el resto de su deseo. Cuando salió de la ducha, envuelto en una toalla… no encontró a sus mujeres por ninguna parte… Las velas de la cena se extinguían mientras las chicas caminaban abrasadas por la avenida, para continuar amándose sin estorbos en el apartamento de Vero.

5 comentarios:

vanbasten dijo...

Jeje Muy bueno pero la verdad IMAGINABLE....

a medida que fui leyendo deduje que al Final el no tomaria participacion, no pense que se irian juntas pero si que le dejarian solo...

Pero esta bueno.

Venus dijo...

Me gusto mucho el relato...
fue una avalancha de deseo
sin control que fluyo salvaje
y quisieron apurar hasta la ultima
gota de deseo...
a la proxima sera tu revancha
jejejej
besitossss muy sensualesss

Audio Relatos Eroticos dijo...

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