viernes, 10 de abril de 2009

Qué Pecado!!



- Ave María Purísima.
- Sin pecado concebida.
- Absuélvame Padre, porque he pecado.
- Tranquila hija, Dios te escucha y te perdonará. Dime, ¿hace cuánto que no te confiesas?
- Pues… tengo 26 años… hice la Primera Comunión cuando tenía como 11… eso quiere decir que tengo unos 15 años sin confesarme, Padre. Estoy en el pueblo visitando a mi abuela y me ha obligado a confesarme por ser Semana Santa. Y bueno… caminando hacia acá tuve que pensar qué pecados podía haber cometido.
- Todos cometemos pecados constantemente, hija mía… de palabra, obra u omisión. Pero Dios siempre escucha y perdona, así que no temas, es Él quien te está escuchando ahora. A ver, cuéntame tus pecados.
- Está bien, Padre. Lo intentaré. Resulta que tengo mi novio en la ciudad, mi novio de toda la vida. Ocho años hace… desde la secundaria pues. Yo lo quiero y él me quiere a mí. Realmente nos llevamos bien y estamos planeando casarnos cuando ambos terminemos nuestros estudios de especialización. Hace una semana que llegué al pueblo, por las vacaciones de primavera y para estar un tiempo con mi abuela, que creo no le falta mucho para despedirse de este mundo…
- Al grano hija, tengo aún mucha gente que perdonar…
- Si, si… claro, disculpe. Fue la noche siguiente a mi llegada cuando vi aquel chico en el bar, al otro lado de la barra. Aún no entiendo cómo alguien tan apuesto estaba solo en aquel lugar.
- Cccjjjummmmm, cjmmmm…
- Disculpe… el caso Padre es que él me miraba y yo, por más que intentaba desviar la vista hacia otro lugar, siempre terminaba topándome con sus ojos. Yo comencé a sentir un calor tremendo, sentía las orejas calientes y el cabello suelto me empezaba a molestar, así que fui al baño a refrescarme la cara con agua y hacerme una cola. Cuando salí me topé de frente con el chico, que sin mediar palabra alguna, me tomó de la cintura, me atrajo hacia él y me dio el beso más apasionado que hombre alguno puede darle a una mujer. Sin dejar de abrazarme y besarme empujó con mi cuerpo la puerta del baño y entramos trastabillando. Continuamos besándonos y tocándonos por todas partes con tal excitación que por un momento olvidé a mi novio, dónde estaba y hasta quién era yo. Hasta que la puerta se abrió de nuevo y vi entrar a la vecina de mi abuela. Paramos enseguida, yo me tomé unos segundos para componerme y salí inmediatamente del baño y del bar… No…
- Eeeehhh….está…está bien, hija mí..mía. Reza 10 Padres Nuestros y 10 Ave Marías y arrepiéntete de corazón de tus pecados… Yo te absuelvo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén… puedes ir en paz.
- Gracias Padre…. (…) qué extraño…. El cura me puso la penitencia sin haber escuchado mi pecado. Me interrumpió justo en el momento en que le iba a decir que no entiendo cómo pude ser tan tonta y no haber tomado la mano de aquel hermoso chico para llevármelo lejos de allí a terminar lo que él empezó… ¿Cómo pude desaprovechar ese momento?? ¡QUÉ PECADO!!!

5 comentarios:

Lydia dijo...

Pecados de pensamiento entonces, porque no fueron más allá de lo pensado, aunque pensándolo bien... un pecadito de esos, siempre se puede perdonar.

Juank dijo...

si q fue un pecado... no debemos desaprovechar esos momentos... pero seguro q solo con lo que te has arrepentido es suficiente.
No lo vuelvas ha hacer.

A tus pies.

Erotismo dijo...

si no fuera por estos pecados cotidianos, la vida sería demasiado santa y aburrida

VenusLuna dijo...

Excelente!! Me has hecho reir... que pecado!!!, es verdad, :-)
Besos!

Ines dijo...

Riquisísimo!! Me he divertido una barbaridad con tu relato... Si puedes visítame, me encantaría.
Y confieso... yo también soy pecadora, snif pecadora, snif snif pecadorísima...

Besos

Inés
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