martes, 3 de febrero de 2009

EROTISMO Vs. pornografía




La pornografía es una de las industrias más grandes y rentables del mundo occidental. Y para muestra, algunos botones:
* El 10% de los ingresos de cadenas de hoteles como Hilton, Marriot o Westin proviene de las películas eróticas pagadas en sus habitaciones.
* Según 'The New York Times Magazine', la industria de la pornografía ingresa más dinero que la NBA o cualquier deporte profesional de EEUU.

La industria pornográfica mueve, sólo en la Unión Americana, cerca de 13,000 millones de dólares anuales, desde películas censura “X” (más de 11.000 cintas sólo en el 2004, por ejemplo) hasta sitios de internet, pasando por clubes para hombres, revistas y toda una gama de productos creados para dar rienda suelta al apetito sexual. En muchos países existen Festivales de Cine Erótico y cada vez son más completas y frecuentes los salones internacionales que congregan a cientos de expositores del área para conocer y dar a conocer lo último en la materia.

Wikipedia define al cine porno como aquel en el que explícitamente se muestran los genitales mientras se realiza el acto sexual y cuyo propósito es el de excitar al espectador.

Ahora bien, he escuchado a muchas personas –hombres y mujeres- criticar las películas porno. Algunos creen que son fingidas y antinaturales (ni hablar de las llamadas “softcore” en las que ni siquiera se muestran los genitales y las escenas de sexo llegan a ser, en muchos casos, tediosas, bastante falsas y poco creíbles).

Pienso que lo que le gusta a los hombres –y a muchas mujeres- del cine porno es el ideal de perfección que se muestra en ellas: mujeres físicamente perfectas, lujuriosas, desinhibidas y dispuestas a todo, hombres bien dotados y capaces de satisfacer a plenitud, incansables y portentosos. A otros les gusta poder ver materializadas en la pantalla alguna de sus fantasías –tríos, orgías, relaciones homosexuales, etc.) y los más audaces las utilizan como una guía audiovisual para repetir “en vivo” lo que los actores realizan ante las cámaras.

Confieso que veo con cierta frecuencia alguna película porno, pero también debo admitir que cada vez me excito menos con ellas. Siento que al ver un par, ya las he visto todas: Escenas redundantes en las que TODAS las mujeres son delgadísimas con tetas “siliconeadas”, que nunca se quitan las sandalias de tacón aguja o las botas de cuero y plataforma y que gimen exactamente de la misma manera. Chicas que jamás ponen la cara fea cuando llega el orgasmo y que sólo dicen “Oh yes!” en momentos en los que esa frase se queda cortísima; hombres que sólo penetran, dan nalgadas y besan tetas como machos autómatas, como si no existiera otra forma de darle placer a una mujer.

El cine porno estereotipa, pone a veces metas difíciles de alcanzar que pueden llegar a causar estrés y frustración, y a fin de cuentas, aporta poco a la creatividad y a la exploración del infinito mundo de los placeres del cuerpo.

Como dice el cineasta “underground” español Jesús Franco “El porno es el erotismo hecho por imbéciles. Digamos que, en esta vida, el que más y el que menos ha tenido la oportunidad de echar un polvo, así que no es algo muy especial. El erotismo, sin embargo, es un elemento más esencial y más complejo. Al sistema no le gusta el erotismo porque le da miedo, es un sentimiento muy profundo que hay que conocer y practicar y que no debemos confundir con tonterías. Y no hay que sentir rechazo por él, porque es un mundo de sugerencias maravillosas en el que todo puede ser posible (…) En la atmósfera hay mucho erotismo. En el cine, muy poco. Hasta que la gente no sea más civilizada seguirá siendo un género restringido a unos pocos.

Comulgo absolutamente con Franco, y con Carmen Riera, escritora catalana que al hablar del erotismo opina: “Como feminista me dejan perpleja esas actitudes exentas de juego, de ironía, de sutilidad, ese aquí te pillo aquí te mato. El erotismo sugiere, no evidencia. Lo evidente tiene poco interés. Se están olvidando, sobre todo las propias mujeres, que nos son propios los prolegómenos más que la búsqueda del orgasmo. Hoy creo que chicos y chicas se han unificado, y no por la igualdad”.

La industria del porno mueve millones de dólares a nivel mundial. Sin duda mueve también algunos cerebros y muchos órganos genitales alrededor del orbe. Yo sólo sueño con el día en el que el Erotismo tenga, aunque sea, una décima parte del protagonismo del porno y también –¿por qué no?- de sus dividendos. ¡A ver si al fin logro vivir de lo que más me gusta hacer!

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Tienes razón en mucho. Las pornos sin trama aburren muestren o no. A veces mientras más muestran, peor. Se hacen vulgares.
Para calentarme prefiero la sensualidad, el erotismo sugerente que ponga a volar la imaginación y yo me hago mi propia peli.

Alicia Kinomoto dijo...

Muy interesante nota. Coincido en casi todo contigo. Creo que hay arte, literatura, cine, cómics, pintura, que es explícita y mal tildada de "porno", y que es arte porque es expresión y está cargada de angustia, tensión, conflicto y pasión auténtica. Te seguiré. Saludos. Ali

Erotismo dijo...

El porno tiene el gran inconveniente que educa a los hombres a practicar un sexo muy poco interesante para ellas. ¿Qué pasa con los previos? ¿Qué pasa con los mimos? ¿Esa velocidad conejil mete-saca funciona? ¿Correrse en la cara?... vamos, que como escuela de cómo tratar a una mujer en la cama... no vamos bien.

Hacía tiempo que no me pasaba a leerle. Un besote

Ines dijo...

Te leo y te leo... y no sabes qué ganas me dan de conversar contigo...

Besos

I.
Historias eróticas