domingo, 22 de junio de 2008

Karma Sensual 4: Amores que Matan


El Concurso de Relatos Karma Sensual, fue el primer intento público de compartir mis escritos y el primer triunfo literario. Por haber quedado entre los primeros lugares, tendré el honor de ser jurado en la edición de este año y el placer de poder leer numerosos y excelentes relatos.
En esta cuarta edición del concurso girará en torno al tema “Amores que matan”. A continuación encontrarán toda la información del concurso.

Un poco de historia: este concurso fue "hecho en casa", gracias a una primera idea de Sonia Aldama en el 2005, en la ex Lista de Escritura Creativa, quien propuso escribir acerca de los siete pecados capitales impulsada por un anterior debate-discusión desarrollado entre algunos miembros de dicha lista. Javier Muñoz y yo, Marta Roldán (Carmiña), decidimos expresarnos en forma conjunta sobre la Lujuria y, a medida que nuestro relato cobraba vida, surgió la necesidad de hacerlo público. Allí fue cuando Israel Benavidez propuso organizar un concurso de relatos eróticos.
Aquí tienen las bases:
1) Pueden participar solamente personas mayores de 18 años de edad, residentes en cualquier país del mundo. Prohibida la participación a los miembros del Jurado, pueden participar (siempre de forma anónima encubierta con seudónimo diverso) los ganadores incluidos en antologías "Karma Sensual" de años anteriores a esta edición.
2) Los relatos deberán estar escritos en español global, sin modismos territoriales, cumpliendo con un discreto y adecuado nivel erótico literario, no se aceptarán vulgaridades. No a la apología de la violencia sexual, no a la pornografía, no a la pedofilia ni a la prostitución.
3) Se puede presentar una obra por persona, inédita, que no esté participando ni haya obtenido premios en otros concursos. El jurado de "Karma Sensual" lleva adelante este concurso de buena fe, esperamos que los participantes cumplan con las bases o de lo contrario se hagan responsables de sus actos y las consecuencias de sus actos. Los derechos quedan en posesión del autor.
Tema: el erotismo. Subtema: "Amores que matan". Para dar a conocer los ganadores el 31 de octubre en la noche de brujas.Participación gratuita.
4) Extensión: mínima 50 líneas, máxima 100 líneas, a doble espacio, fuente: Arial 12. Firmar con seudónimo.
5) Enviar solamente por e-mail a: mailto:karmasensual3@friulinelweb.it . Presentar los textos en el cuerpo del mensaje, firmados con seudónimo y, en archivo adjunto de Word, detallar los datos personales agregando indefectiblemente una copia del Documento de Identidad: nombre y apellido, dirección, país de procedencia y de residencia, número de teléfono, dirección de correo electrónico alternativo, página web personal o weblog y breve curriculum literario.Asunto obligatorio del e-mail: Concurso "Karma sensual4"y nombre del relato.
6) Premio:- Publicación gratuita de una antología con los 12 mejores relatos a cargo de la editorial "El Taller del poeta" de Fernando Luis Pérez Poza, Pontevedra, España.- Diploma- Participación opcional como Jurado Ambulativo del concurso "Karma Sensual5 2009".
7) Fecha límite de cierre del concurso y recepción de trabajos: 15 de septiembre de 2008.
8) Fecha límite para hacer público el fallo del jurado e informar personalmente a los ganadores: 31 de octubre de 2008.El resultado del concurso será publicado en la siguiente página web: www.friulinelweb.it/crearparaleerLos seleccionados serán notificados por e-mail.
9) Los textos no incluidos en la antología serán eliminados de nuestros archivos.
10) Cada autor que forme parte del libro de edición gratuita sólo deberá comprar, si lo desea, la cantidad de ejemplares que necesite directamente a la Editorial "El taller del poeta" con el 20% de descuento sobre el precio final por derecho de autor y beneficio de reventa.
11) Será competencia de cada autor integrante de la antología el hecho de organizar, si es su deseo, armar y llevar a cabo la presentación del libro donde, cuando y como quiera.
12) El libro será publicado en febrero de 2009, luego de las correcciones pertinentes al caso y con la autorización de los autores seleccionados.
Madrina: Sonia Aldama(España)
Organizadora general: Marta Roldan (Italia)
Jurado Estable: Israel Benavidez (Alemania), Fernando Lobaina (Canadá). Graciela Pucci (Argentina)
Jurado Ambulativo (cambiará cada año): Sara Veiras (España), Milena Wetto (Venezuela), Pilar Pedraza (Bolivia) y Alice Carroll (España).
13) Los autores ganadores, por participar en el concurso, ceden el derecho de publicar su obra seleccionada en el libro "Karma sensual4: Amores que matan" sin requerir remuneración alguna por tal publicación. De todas maneras los derechos quedan siempre en posesión del autor, indiscutiblemente.
14) La participación en este concurso presupone la aceptación de sus bases.

Seguramente habrá cosas que no se han dejado en claro, pueden comunicarse ante cualquier duda, especificando el asunto, a: roldan.marta@gmail.com
Marta Roldan. E-mail: fama@friulinelweb.itSitio: www.friulinelweb.it/crearparaleer

sábado, 14 de junio de 2008

TOCAR


Warner Channel (en Venezuela, ABC en USA) transmite una serie llamada “Pushing Daisies” que trata de un joven con el poder de revivir a los muertos con el simple toque de su dedo. La mala noticia es que si los vuelve a tocar de la forma que sea, la persona muere de nuevo y esta vez definitivamente.

El tema de la serie es, en mi opinión un poco rebuscado. De hecho no me ha llamado la atención ver un capítulo completo, aunque debo reconocer que técnicamente es surrealista y extraña. El uso de los colores y las luces, la hace parecer lo que realmente es: una mezcla de comedia, drama y ciencia ficción.

Pero el punto que quiero “tocar” nada tiene que ver con el aspecto técnico de la serie, sino con lo que el tema me puso a pensar sobre la importancia del tacto, del tocar a otras personas e incluso tocarse uno mismo, y todo lo que de ello se deriva.

En Pushing Daisies el protagonista resucita a su novia. Pero luego se encuentra con el gran conflicto de que no puede tocarla nunca más. No puede acariciarla, besarla, mucho menos hacerle el amor. Inventa entonces innumerables alternativas que van desde besarse a través de un papel film, hasta pedirle a un tercero que acaricie a su novia y, a la novia, pedirle que imagine que es él. Alternativas y técnicas que, en mi opinión, no sirven de nada, pues besar la boca de tu amante a través de un plástico es besar un plástico, y para abrazar a otro imaginando que es la persona amada, no es necesaria una trama tan rebuscada; simplemente bastaría con buscarse a ese(a) substituto(a), cerrar los ojos y dejar trabajar a la imaginación.

El punto es que el tema de la serie me ha servido para pensar cuán importante –por no decir imprescindible- es el contacto entre las personas, más aún, entre las que se aman. Y al mismo tiempo, cuán mecánicos pueden hacerse muchos de estos contactos, al punto de no darle la importancia que merecen.

¿Cuántos de nosotros, por ejemplo, no se levanta de la cama al sonar el despertador, directo a la ducha sin besar a tu pareja? ¿O cuántos lo hacen, pero sólo como un acto mecánico y reflejo, sin verdadera intencionalidad o significado?

¿Cuántos de nosotros –especialmente los hombres- acortan o simplemente pasan por alto la encantadora fase de besos y caricias pre-coitales, que tanto nos gusta a las mujeres y nos pone a punto? ¿O cuántos hombres se atreven a decirle a su pareja que quieren ser acariciados, dónde o de qué manera?

Voy más allá... ¿Cuántos de nosotros –hombres o mujeres- se toman un tiempo para tocarse, sentir su propia piel y explorar dónde sienten más, dónde menos y de qué forma? ¿Cuántos de nosotros nos tomamos en serio el sentirnos, más allá de la masturbación?

Pensemos por un momento que nos pasa lo que al protagonista de Pushing Daisies, y que por alguna razón, no pudiéramos tocar nunca más a nuestros seres queridos, o ellos a nosotros. Pensemos de cuántas cosas nos perderíamos, y pongamos entonces más conciencia e intención en el acto de TOCAR, ya sea nuestro propio cuerpo o el de otros.

Pushing Daisies ABC Trailer

viernes, 6 de junio de 2008

El Imperio de los Sentidos


El ser humano dista mucho de ser un diseño perfecto. Si es cierta la teoría de que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, habría que aceptar que ese Dios –cualquiera que sea- es bastante imperfecto. A mí no me incomoda esa idea; por el contrario, me acerca más a ese Dios y lo hace más amigable, entendible, aceptable.
Pero a pesar de la larga lista de imperfecciones –físicas, mentales y espirituales- de las que padece hasta el más ejemplar de los humanos, es justo y necesario admitir y reconocer que también hemos sido provistos de una cantidad infinita de atributos y cualidades para satisfacción y beneplácito de nosotros mismos y de nuestros semejantes.
Basta sólo con nombrar a nuestros cinco sentidos: la fuente primaria de nuestra percepción, de nuestro aprendizaje y de nuestros placeres.
La vista es el sentido por excelencia, el más usado y, si se quiere, el más necesario. De él ya he escrito y disertado en este Blog. Pero, no podemos ignorar el resto de nuestros sentidos, que, en mi humilde opinión, cumplen en materia de erotismo y sexualidad, un papel tan, si no más importante que el de la misma vista.
Para mí, el tacto es el sentido por antonomasia en lo que a sexo se refiere, aunque también debemos darle su justo valor al oído, por el que entran millones de estímulos, desde el sutil sonido de la respiración de nuestra pareja, hasta las palabras más irracionales en un momento cumbre, o el desgarrado gemido que acompaña a un intenso orgasmo.
El relato que leerán a continuación, le rinde culto al sentido del olfato, la “cenicienta” de los sentidos en mi caso, pero que cuando quiere, puede convertirse en el protagonista de un momento inolvidable, o en un vehículo efectivo para alcanzar la cúspide del placer.

Y para ustedes... ¿cuál es el sentido más importante, erotikmente hablando?

El Placer llegó en una Harley


El domingo por la tarde se propuso finalmente descansar en la cama. Había pasado el fin de semana entero allí, aunque no precisamente descansando. Luego de tomar un almuerzo ligero, poner en orden la casa y tomar una larga y relajante ducha, se dispuso a extender el estropicio de sábanas y almohadones regados a lo largo y ancho de la habitación, para reposar los agitados músculos y dormir un poco.

Justo en la faena de acomodo, encontró escondido entre las mantas el boxer de su amante: un pequeño pantalón de algodón gris, con la frase “Harley Davidson” impresa en la liga y, en la tela, la imagen de siete sonrientes motociclistas en sus flamantes naves. Ella también sonrió por el hallazgo y a manera de paradoja, pensó que ese fin de semana habían visitado su cama cada uno de esos siete apuestos hombres, experimentando con todos las más intensas sensaciones. Se acercó a la nariz aquel pequeño trozo de tela, para percibir un penetrante y ácido perfume que trajo a su mente en atropellado flash back, todas las imágenes y sensaciones de las últimas 48 horas; no sólo las vividas con aquel incansable amante, sino aquellas –docenas, centenas, miles- imaginadas, fantaseadas, recreadas y contadas al oído por cualquiera de los dos, con la única intención de acrecentar la intensidad de sus múltiples orgasmos.

Aspiró profundamente, dejándose invadir por aquel cóctel de colonia, sudor, semen, rastros de saliva y gotas de orina. Sus ojos se cerraron levemente y sus dientes mordieron con suavidad el labio inferior, transformando una discreta sonrisa en una mueca lujuriosa y cómplice.

Recordó entonces sus besos: tiernos y suaves al comienzo, fogosos, húmedos y penetrantes después; recordó aquellos labios tersos y carnosos, la lengua que él le entregaba sin reservas para que ambos imaginaran que era el falo de otro invitado a la fiesta. Recordó sus ojos cerrados durante el beso, entregado, desarmado, confiado entre los brazos de la mujer que ama. Recordó sus hábiles manos desabrochando su sostén en un par de segundos y despojándola de toda su ropa sin encontrar resistencia alguna.

Continuó aspirando aquel espeso almizcle mientras se colocaba en su posición preferida para auto complacerse. Su cuerpo se tensó como si una ráfaga eléctrica la estuviera atravesando desde la punta de los pies hasta la coronilla. Decidió meter la cabeza entre aquellos calzones suaves, para respirar su aroma sin interrupciones e imaginar que era él quien estaba frente a ella, como horas antes había estado en efecto, de pie y al pie de la cama, ofreciéndole aquel manjar firme y suave de su miembro erecto y deseoso de desaparecerse en su garganta.

El pasamontañas de algodón rodeaba el rostro femenino, mientras los siete jinetes –del Apocalipsis o del Génesis, según cómo y cuándo se le mire- sonreían al verla y la liga bordada con el nombre de aquella legendaria marca rodeaba irónicamente su cabeza, por donde transitaban a cientos de kilómetros por hora los pensamientos más pecaminosos e intensos, carburando el placer inagotable entre ruidos guturales, al tiempo que una y mil veces combustionaba un orgasmo efervescente y lascivo.

Olfateaba y recordaba... Recordaba y vibraba... Vibraba y moría para nacer cada vez más fuerte, más joven, más mujer.

Olfateaba y veía aquel cuerpo definido y firme caminando desnudo por la habitación, aquella piel lisa y achocolatada que le aguaba la boca y la impulsaba a besarlo en cualquier lugar y de cualquier modo: besos cortos, suaves mordiscos, húmedos recorridos con una lengua traviesa y curiosa.

Olía y sentía de nuevo cada embestida de su robusta esencia dentro de su boca, de su vagina, de su culo. Revivía el sabor salado de sus pliegues, el amolde perfecto de los sexos, la invasión sin tregua de los más oscuros pasadizos, a los que llegaba sin dificultad para llevar la Luz.

Husmeaba y regresaba al instante el sudor y el sofoco, las uñas clavadas, las piernas en alto, las gargantas secas, la respiración agitada y el sonido de su voz, tan excitante, contando experiencias o inventando fantasías, que la llevaban al límite del placer conocido, un límite que cada minuto alargaba un poco más sus predios.

Olfateó, aspiró y olió por horas, montada en aquella motocicleta de lujo que era su mente, aferrada a la cintura del conductor más experimentado y ella, protegida del viento por aquel mágico pasamontañas, escondía un gesto de satisfacción que permaneció en su rostro hasta el amanecer, cuando el despertador la encontró asida a un par de almohadas húmedas, exhausta y feliz por aquel paseo dominical.