lunes, 6 de octubre de 2008

Solo Soy Luz


Si estuviéramos más cerca, y no hubiera obstáculos, esta noche hubiese llegado hasta tu casa, ataviada solo con un vestido camisero, abotonado al frente y unas sencillas sandalias; lo primero que encontré en el closet, luego de darme cuenta que estaba demasiado caliente para pretender drenar todo con una estúpida almohada.
Sin saber si estás, ni con quién, toco desesperadamente el timbre hasta ver tu cara de sorpresa, mitad nervios y mitad alegría. Por suerte estás solo, aunque no por mucho tiempo; solo están comprando en el supermercado lo necesario para la cena.
Casi sin mediar palabras, te tomo de la mano y te llevo por las escaleras al piso de abajo; allí encuentro la puerta del cuarto de basura convenientemente abierta. Tu rostro denota incredulidad, todo esto te parece muy arriesgado, y sin embargo (o tal vez, por eso mismo) te excita enormemente.
El olor es nauseabundo, aunque el lugar no parece sucio. Al entrar y cerrar la puerta, todo se vuelve totalmente oscuro. Que divino tocarte, besarte, sentir tu respiración entrecortada sin poder mirar tus negros ojos... ¡por fin hay algo más negro que ellos!
Sin perder tiempo, me alzas el vestido y notas que no llevo nada debajo... mientras tanto, yo libero del elástico de tus pantalones aquella bestia furiosa que busca hambrienta a su presa.
Todo el deseo, toda la excitación se convierte en una fuerza desmedida. Me tomas por las caderas y me alzas tan fácilmente, que siento que peso menos que una pluma... Encuentro apoyo en la pared y, con mis pies, en la manilla de la puerta y alguna tubería.
Quedo a la altura perfecta para ser fácilmente ensartada por esa enorme vara que parece relucir en la espesa oscuridad. Me penetras violentamente, profundamente, perfectamente.
Casi no puedo moverme, tú lo haces y mis nalgas rebotan alegres contra la fría pared.
Es un sexo intenso, rápido pero con la fuerza de un vendaval. Justo lo que necesitaba para saciar mi sed de ti.
Mis gritos ahogados se confunden con el sonido de la basura, dando tumbos ducto abajo.
- Tendrás que vaciarte dentro de mí -te digo al oído - no tenemos con qué limpiarnos...
Eso parece ser un detonante, o simplemente fue coincidencia, ya que en ese preciso instante te derramas dentro de mí y amainas el ritmo.
¿Yo? yo ya llevaba dos o tres orgasmos cortos pero tan intensos que produjeron calambres en mis entrañas.
Apenas recuperamos algo de aliento, salimos sigilosamente: tú, un piso hacia arriba... yo a esperar el ascensor. Mis ojos tardan un tiempo para acostumbrarse de nuevo a la luz.
Al llegar a planta baja... unas voces provenientes del estacionamiento y el sonido de las bolsas del supermercado, me obligan a acelerar la marcha y desaparecer como la sombra que soy, pues Sólo soy LUZ dentro de ti.

1 comentario:

Lydia dijo...

¡Que bonito!... me ha encantado esa forma de relatar los momentos vividos llenos de morbo y de desesperación, de buscar un lugar prohibido, dejarse llevar por la pasión y buscar esos detonantes que parecen llegar solos y se convierten en pura explosión. Para acabar con ese final de luces y sombras... acertadísimo.