domingo, 10 de agosto de 2008

Intruso Nocturno



Vena latente que me pone alerta,
monstruo dormido que se despierta.
Ojos abiertos, pupilas dilatadas,
oídos expectantes, respiración suspendida.
Frío y calor que me recorre el cuerpo.
Frío de arriba hacia abajo,
calor de adentro hacia fuera.
Poros como púas, piel al acecho.
Blanca oscuridad que me impide ver tu sombra.
¿Estás aquí o sólo en mi mente?
No importa, siempre eres tú, omnipresente.
Extiendo la mano, busco a tientas a mi almohada,
eterna compañera, fiel confidente.
La despierto, la someto entre mis muslos.
Suave y moldeable al comienzo,
rígida, húmeda y complaciente después.
Mis piernas se tensan,
micuerpo es un hierro firme y candente.
Mi pelvis empuja, mis labios te sienten.
Cierro los ojos mientras te veo,
mi garganta se traga tu respiración.
Mis labios recorren tus depresiones y altitudes.
Geografía tan conocida, tan placentera.
Topógrafa de tu cuerpo, cartógrafa de tu corazón.
Mis entrañas exhalan, finalmente,
en un largo e intermitente suspiro,
exponiendo al rubí, perlando mi piel,
llenando de joyas mi interior.
Te beso en la frente, extiendo mi almohada
y cierro otra vez los ojos mientras te vas…
pero sólo por un rato, pronto regresarás...

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