jueves, 31 de julio de 2008

BESAR...


Según el diccionario se trata de “oprimir o tocar con los labios juntos, contrayéndolos y separándolos con una pequeña aspiración”; “hacer el gesto propio del beso, sin tocar con los labios” y otro par de acepciones bastante más insípidas y absurdas.

Si bien el diccionario ha sido y será mi libro de cabecera, debo confesar que nunca he sentido como ahora que ese libraco se quede tan corto describiendo alguna palabra.

Besar, ya sea verbo o sustantivo, es un gesto que puede encerrar un millón de significados, interpretaciones o mensajes, según sea el sujeto que ejerce la acción o el que la recibe, la intencionalidad, el lugar, el momento y tantas otras cosas que influyen en este acto, precedente y concluyente de los mejores momentos del ser humano.

Besamos al recién nacido y despedimos con un beso a nuestros muertos. Podemos hablar de besos entre padres e hijos, entre hermanos y entre amigos, pero ese no es el tema que aquí interesa. Hablamos de besos entre personas –del mismo sexo o no- sin lazos consanguíneos, unidas más bien por sentimientos o intenciones relacionadas con el amor, el deseo, lo sensual o lo sexual. No digo carnal, porque es ponerle una camisa de fuerza, ni digo espiritual, porque suena muy elevado, pero definitivamente, la clase de besos de los que hablo, tienen mucho de ambas cosas.

El beso es una especie de paréntesis que abre un encuentro y lo cierra; sin querer esto decir que no puedan haber innumerables besos en medio. El beso puede ser tan inocente como el que se le da a un niño, o tan lujurioso como aquel que enciende pasiones y desata los más profundos instintos sexuales. Un beso marca el antes y el después de una relación que comienza; luego de un primer beso apasionado entre una pareja recién conocida, se cruza el punto de no retorno.

En muchos casos, un beso es el primer recuerdo erótico que tenemos de nuestra adolescencia. En mi mente sigue vivo el recuerdo de un sueño de mi pubertad, en el que un chico de la cuadra llegaba hasta mi cama y me besaba suavemente en la boca. La sensación fue tan real que me desperté sintiendo aún su aliento. Luego de un tiempo, cuando tuve la oportunidad de sentir despierta un beso de verdad –del mismo chico, por cierto- me impresioné al constatar tanta semejanza con la sensación vivida en aquel sueño. ¡Yo sabía cómo se sentía incluso antes de ser besada por primera vez!

¿Será acaso que el beso y la sensación que produce tanto en el cuerpo como en el intelecto, es una especie de impronta grabada profundamente desde el origen mismo de nuestra especie? ¿Será que sabemos cómo besar y cómo recibir un beso, tan instintivamente como sabemos tragar sin ahogarnos, respirar o parpadear desde el mismísimo momento de nuestro nacimiento?

Tal vez estas preguntas no tengan respuestas científicas, pero sin duda alguna que el beso es un tema que puede ser muy fatuo o muy apasionante, según cómo se le aborde. Un tema, en todo caso, que da para llenar miles de hojas…

Por lo pronto les invito a leer un poco sobre la historia del beso, esperando que me ayuden a alimentar con sus comentarios, futuras entradas relacionadas al tema.

HISTORIA DEL BESO
La palabra “beso” proviene del latín “basiare” que a su vez viene del sánscrito “bhadd” que significa abrir la boca.
Algunos estudiosos aseguran que el beso pudo nacer en la Edad de Piedra, cuando el hombre de las cavernas lamía el rostro de sus congéneres para satisfacer su necesidad de sal. Otros hablan de la era del Cromagnon, donde las mujeres –sin piedra ni mortero y con poca habilidad manual- mascaban la comida hasta hacerla una papilla que pasaban directamente a la boca de sus crías.
Antiguas referencias dicen que los besos fueron esculpidos 2.500 años antes de Cristo en las paredes de los templos de Khajuraho, en la India, mientras que los hombres persas de la Antigüedad se daban besos en la boca si pertenecían a un mismo nivel social.
Hasta la segunda mitad del siglo IV a.C., los griegos sólo permitían besos en la boca entre padres e hijos, hermanos o amigos muy próximos. El filósofo Platón declaraba "sentir gozo al besar".
En la época de los romanos había tres términos para designar la palabra “beso”: “Suavium”, o beso de amor; “Osculum”, beso amistoso y religioso y “Basium”, beso entre amantes y de saludo.
El Kamasutra, por su parte, describe otras tres clases de besos: el "nominal", en el que los labios apenas se tocan; el "palpitante" en el que se mueve el labio inferior, pero no el superior; y el "beso de tocamiento", en el que participan labios y lengua.
El beso es común a todas las culturas y a todas las civilizaciones de la Tierra. Sin embargo su intencionalidad o propósito, así como su aceptación social han variado a lo largo de la historia y a lo ancho del globo terráqueo.
Antiguamente, en Inglaterra, un visitante debía besar al anfitrión y toda su familia al llegar a la casa. En Escocia, el padre besaba los labios de la novia al final de la ceremonia de casamiento. Decíase que la felicidad conyugal dependía de esa “bendición”. Después, en la fiesta, la novia debía circular entre los invitados y besar en la boca a todos los hombres, los que a cambio le daban algún dinero. (Esta práctica se ve representada en una escena de la reciente película “Made of Honor”, una comedia romántica protagonizada por Patrick Dempsey y Michelle Monaghan).
En el Renacimiento el beso en la boca era una forma de salutación común. En el siglo XV los nobles franceses podían besar a la mujer que quisiesen, pero en Italia, por ejemplo, si un hombre besaba a una doncella en público, debía desposarla de inmediato.
Fue hacia el siglo VI que finalmente la sociedad aceptó el beso entre personas adultas como una expresión de afecto y fue Francia la que instauró la costumbre del beso como parte del cortejo entre dos amantes. Luego en Rusia se consolidó el beso en el altar como una demostración de amor eterno entre los desposados.
La Revolución Industrial y el racionalismo de la época, reprimieron las manifestaciones públicas de amor, y el beso quedó replegado al ámbito de lo privado hasta el siglo XX y la invención del cine, que devolvió a la palestra pública el acto privado de besar.
El primer beso cinematográfico fue en 1896; duró cuatro segundos y provocó un escándalo. Unas décadas después, los tan famosos “Comités de Censura” provocaron un nuevo retroceso en aquello de los besos en público. Hubo que esperar a que finalizara el período de entre guerras y se acabara con los regímenes dictatoriales que imperaron en Europa y algunos países de Latinoamérica, para que el movimiento hippie, el feminista y el ecologista le devolvieran la libertad al arte de besar.

Fuentes para “La Historia del Beso”:
http://foros.enplenitud.com; Vicente Battista en: http://es.answers.yahoo.com; http://noticiasinteresantes.blogcindario.com; www.la-arania.com; www.ymipollo.com

1 comentario:

La Negra dijo...

Un día también estuve pensando acerca de porqué besamos y creo que es porque esas dos personas quieren estar tan cerca y tocarse de tantas formas, entonces nos descubrimos oralmente, y por puro instinto abrimos nuestras bocas para explorarnos por dentro, para sentirnos... parece mentira todo lo que podemos sentir con nuestra lengua. Y con ella y nuestros labios nos damos el uno del otro, y sólo dependiendo de lo que salga de ese contacto húmedo, el resto puede variar en una escala inmensa de matices, desde ser tierno, dulce... hasta salvaje, violentamente apasionado!