sábado, 14 de junio de 2008

TOCAR


Warner Channel (en Venezuela, ABC en USA) transmite una serie llamada “Pushing Daisies” que trata de un joven con el poder de revivir a los muertos con el simple toque de su dedo. La mala noticia es que si los vuelve a tocar de la forma que sea, la persona muere de nuevo y esta vez definitivamente.

El tema de la serie es, en mi opinión un poco rebuscado. De hecho no me ha llamado la atención ver un capítulo completo, aunque debo reconocer que técnicamente es surrealista y extraña. El uso de los colores y las luces, la hace parecer lo que realmente es: una mezcla de comedia, drama y ciencia ficción.

Pero el punto que quiero “tocar” nada tiene que ver con el aspecto técnico de la serie, sino con lo que el tema me puso a pensar sobre la importancia del tacto, del tocar a otras personas e incluso tocarse uno mismo, y todo lo que de ello se deriva.

En Pushing Daisies el protagonista resucita a su novia. Pero luego se encuentra con el gran conflicto de que no puede tocarla nunca más. No puede acariciarla, besarla, mucho menos hacerle el amor. Inventa entonces innumerables alternativas que van desde besarse a través de un papel film, hasta pedirle a un tercero que acaricie a su novia y, a la novia, pedirle que imagine que es él. Alternativas y técnicas que, en mi opinión, no sirven de nada, pues besar la boca de tu amante a través de un plástico es besar un plástico, y para abrazar a otro imaginando que es la persona amada, no es necesaria una trama tan rebuscada; simplemente bastaría con buscarse a ese(a) substituto(a), cerrar los ojos y dejar trabajar a la imaginación.

El punto es que el tema de la serie me ha servido para pensar cuán importante –por no decir imprescindible- es el contacto entre las personas, más aún, entre las que se aman. Y al mismo tiempo, cuán mecánicos pueden hacerse muchos de estos contactos, al punto de no darle la importancia que merecen.

¿Cuántos de nosotros, por ejemplo, no se levanta de la cama al sonar el despertador, directo a la ducha sin besar a tu pareja? ¿O cuántos lo hacen, pero sólo como un acto mecánico y reflejo, sin verdadera intencionalidad o significado?

¿Cuántos de nosotros –especialmente los hombres- acortan o simplemente pasan por alto la encantadora fase de besos y caricias pre-coitales, que tanto nos gusta a las mujeres y nos pone a punto? ¿O cuántos hombres se atreven a decirle a su pareja que quieren ser acariciados, dónde o de qué manera?

Voy más allá... ¿Cuántos de nosotros –hombres o mujeres- se toman un tiempo para tocarse, sentir su propia piel y explorar dónde sienten más, dónde menos y de qué forma? ¿Cuántos de nosotros nos tomamos en serio el sentirnos, más allá de la masturbación?

Pensemos por un momento que nos pasa lo que al protagonista de Pushing Daisies, y que por alguna razón, no pudiéramos tocar nunca más a nuestros seres queridos, o ellos a nosotros. Pensemos de cuántas cosas nos perderíamos, y pongamos entonces más conciencia e intención en el acto de TOCAR, ya sea nuestro propio cuerpo o el de otros.

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