viernes, 6 de junio de 2008

El Imperio de los Sentidos


El ser humano dista mucho de ser un diseño perfecto. Si es cierta la teoría de que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, habría que aceptar que ese Dios –cualquiera que sea- es bastante imperfecto. A mí no me incomoda esa idea; por el contrario, me acerca más a ese Dios y lo hace más amigable, entendible, aceptable.
Pero a pesar de la larga lista de imperfecciones –físicas, mentales y espirituales- de las que padece hasta el más ejemplar de los humanos, es justo y necesario admitir y reconocer que también hemos sido provistos de una cantidad infinita de atributos y cualidades para satisfacción y beneplácito de nosotros mismos y de nuestros semejantes.
Basta sólo con nombrar a nuestros cinco sentidos: la fuente primaria de nuestra percepción, de nuestro aprendizaje y de nuestros placeres.
La vista es el sentido por excelencia, el más usado y, si se quiere, el más necesario. De él ya he escrito y disertado en este Blog. Pero, no podemos ignorar el resto de nuestros sentidos, que, en mi humilde opinión, cumplen en materia de erotismo y sexualidad, un papel tan, si no más importante que el de la misma vista.
Para mí, el tacto es el sentido por antonomasia en lo que a sexo se refiere, aunque también debemos darle su justo valor al oído, por el que entran millones de estímulos, desde el sutil sonido de la respiración de nuestra pareja, hasta las palabras más irracionales en un momento cumbre, o el desgarrado gemido que acompaña a un intenso orgasmo.
El relato que leerán a continuación, le rinde culto al sentido del olfato, la “cenicienta” de los sentidos en mi caso, pero que cuando quiere, puede convertirse en el protagonista de un momento inolvidable, o en un vehículo efectivo para alcanzar la cúspide del placer.

Y para ustedes... ¿cuál es el sentido más importante, erotikmente hablando?

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